Lamberto Guerra

Para el público canario, Lamberto Guerra ya es uno de esos rostros familiares en la pequeña pantalla y, poco a poco, empieza a ser reconocido fuera del archipiélago.Lamberto Guerra 1_agua

Nacido en Gran Canaria hace tres décadas y formado en Arte Dramático en Barcelona, ha participado en una veintena de cortometrajes, en series y programas de televisión como ‘La Revoltosa’ o ‘En Clave de Ja’, ambos de Televisión Canaria. Su trayectoria en teatro ha sido meteórica, desde que interpretara un secundario en ‘Querido Néstor’ hasta su participación en ‘El Crimen de la Perra Chona’.

El cine en mayúsculas también le ha llamado, incluso desde Hollywood, trabajando a las órdenes de Jonathan Liebesman. Y, por supuesto, es uno de los actores del reparto de LAL. Hoy hablamos con él de su paso por esta producción y de su trayectoria profesional.

  

¿Cuándo descubriste tu vocación por la interpretación?

Lamberto Guerra: Lo mío es congénito. No tengo recuerdos de mí mismo sin sentir que era actor… Lo que sí recuerdo es cuándo le puse nombre a la patología y tomé conciencia de que “eso” que yo sentía, era un arte y una profesión: a los 4 o 5 años. Fue cuando empezaba a leer. Entonces intentaba leer yo solo cualquier cosa que tuviera a mano. Encontré una Fotogramas de mi tío en casa de mi abuela, y me llamó la atención una fotografía de una anciana: inspiraba respeto y ternura, y el texto que ilustraba explicaba que esa señora se había convertido en la actriz “más vieja” en ganar un Óscar. Era Jessica Tandy, por su trabajo en ‘Paseando a Miss Daisy’. Aquella fue la primera vez que me paré a reflexionar sobre lo que significaba “actuar”, lo que significaba ser un actor, interpretar a otras personas… Que era algo más que ese juego al que me apasionaba jugar, y que había quien dedicaba su vida a ello… Y fue como encender una especie de mecha. La vocación me llegó por el cine, y luego descubrí el teatro… Desde entonces, nunca he dudado que soy actor.

  

¿Desde cuándo te dedicas profesionalmente?

LG: Siempre he sido profesional y, además, buen compañero: cuando debuté a los 5 o 6 años en el Colegio Mesa y López en ‘Tomasín en el País de las Letras’, ya soplaba sus frases a casi todos mis compañeros –Lamberto ríe al recordar aquella época.

Lo cierto es que me atreví a verbalizar y “confesar” mi vocación siendo joven, pero mucho más tarde de lo que lo supe. A los 15 años, les dije a mis padres que no quería seguir estudiando, que quería ser actor… Y el universo implosionó. Nunca nadie en mi familia se había dedicado a las artes, y yo era el eterno delegado de clase, alumno de media de sobresaliente. Se suponía que, como mínimo, estudiaría Ingeniería Aeroespacial o algo así de ligero… Finalmente, mis padres accedieron a dejarme estudiar intensivos de interpretación cinematográfica en Barcelona, y a que aquí me formara en talleres de teatro, siempre y cuando siguiera estudiando… Y así ha sido hasta hace nada, que acabé mi Licenciatura en Traducción e Interpretación.

El primer trabajo “profesional” me llegó por medio de la música. Sin formación musical previa, me presenté a una audición para el Coro de la Orquesta Filarmónica de Gran Canarias, y me contrataron. Gracias a eso, supe de un casting para el coro de una obra de teatro, y me contrataron. Más tarde, viéndome trabajar en los ensayos, decidieron darme un pequeño papel de una frase. Y al final se convirtió en un papel secundario de un par de escenas. A los 22 años, debuté en el teatro profesional interpretando a un personaje de carácter camino de los 50… Y a los compañeros y al público les encantó. Fue una experiencia maravillosa.

 

Le preguntamos a Lamberto sobre su trayectoria y primero hablamos de teatro.

LG: En teatro, destacaría tres experiencias:

Querido Néstor II“, por ser la primera.

Los Ecos del Tenorio“, porque, a pesar de ser una versión parcial del clásico, me regaló 3 cosas inolvidables: el reto de trabajar en verso por primera vez, interpretar mi personaje favorito de la obra (“Don Gonzalo de Ulloa, Comendador de Calatrava”) muchísimos años antes de lo que esperaba… y trabajar a las órdenes de José Luis Massó, uno de los mejores profesionales de teatro que he conocido.

El Crimen de la Perra Chona“, por ser el montaje más bestia en el que he trabajado nunca: tres horas de espectáculo, con el mayor despliegue escénico llevado a cabo nunca en el teatro en Canarias, dirigido de nuevo por un profesional tan grande como Mario Vega… Y sobre todo, por una joya de personaje: “Bermúdez”. Ocupaba unas cuatro o cinco páginas en todo el guión, pero me regaló las mayores ovaciones de mi vida, y ver cada noche al público del Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria ponerse en pie para gritarte “¡bravo!” con aquel entusiasmo… Eso no se olvida.

 

¿Y en cine?

LG: La última edición del Festivalito de La Palma. Participé en 7 cortos en un par de días: los protagonicé, puse mi voz y hasta dirigí un “musicalito”. Y conocí a algunos de mis mejores amigos del medio. Todavía hoy, sigue siendo una de las mejores experiencias de mi vida.

Ira de Titanes“. Ahora que no nos lee nadie, confieso que detesto ese tipo de cine –Lamberto ríe. Y no es rencor por no sobrevivir al montaje final, ¡casi lo agradezco! Pero que te fiche la Warner Bros para un papelito en inglés, irte a rodar un mes a Gales junto a Liam Neeson, Edgar Ramírez, Rosamund Pike, tener tu propia coach, hacerte amigo de nominados y ganadores del Óscar, y tomarte el té por las tardes en el hotel con Ralph Fiennes… Todo fue demasiado “titánico” como para intentar hacerte el “cool” e ignorarlo.

Y “Crónicas del Desencanto“, de Daniel León Lacave… Porque ha sido mi primer protagonista en cine, porque colaboré en el guión, terminé coproduciendo la película, porque poder hacerla ha sido una odisea… Y porque todo el equipo puso mucho en ella, sobre todo Lacave y Borja Texeira, también coprotagonista, coguionista y coproductor. Puse el alma en ese terapeuta atormentado que es Carlos, y ver la reacción del público la primera vez que se proyectó en una sala… No hay palabras. Algún día, será una peliculita de culto del cine indie canario… Tiempo al tiempo.

 

Lamberto Guerra 3_agua¿Cómo valoras la posibilidad de participar en este documental?

LG: Mi trabajo es la única religión que practico; cada oportunidad de participar en un proyecto profesional es un privilegio, aún más (por desgracia) en los tiempos que corren, en que el 90% de los actores de este país no tiene la posibilidad de trabajar… Y cuando, además, te topas con un proyecto tan fuera de lo común como éste, el proceso se convierte en algo mucho más interesante.

 

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¿Cómo llegaste a este proyecto?

LG: Siempre he tenido un mantra: “todo pasa por algo, y todo pasa cuando tiene que pasar”… Y así ocurre siempre. Alicia y yo nos conocimos hace años: coincidimos en un taller de interpretación impartido por Dunia Ayaso, una de las personas más maravillosas que he conocido nunca, y a la que siempre agradeceré lo mucho que me dio en tan pocas ocasiones (¡te echo de menos!)… Y allí surgió una complicidad indiscutible. Recuerdo que uno de los ejercicios consistía en “definir” a los compañeros, y Alicia me regaló, probablemente, una de las mejores y más certeras descripciones que me han hecho nunca… Aunque no la compartiremos; sólo diremos que desde entonces soy “el gato de Alicia”.

La cuestión es que desde entonces habíamos querido trabajar juntos en algo… Y un día, simplemente, me llamó para proponerme formar parte de este proyecto: quería que interpretara un personaje del que no podía contarme mucho aún, y que la ayudara a encontrar al resto del reparto… Y así lo hice: ella me explicaba los perfiles y yo le sugerí a algunas personas que sabía que se embarcarían en el proyecto.

 

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¿Qué es lo que más te atrae de LAL?

LG: Lo inusual de la propuesta, lo enriquecedor que prometía ser el proceso, y la profundidad del trabajo; era un trabajo muy exigente, ya que por un lado te obligaba a hacer un viaje personal intenso, a desnudarte y removerte por completo en el proceso de búsqueda de tu personaje y de tu vivencia como personaje… Y por otro, te obligaba a trabajar desde la verdad más absoluta en un entorno casi conceptual. Todo era posible, y todo debía ser “real”. Lo importante es lo que cuentas y qué tan lejos eres capaz de adentrarte en ese camino.

Para romper los prejuicios lógicos ante ese planteamiento, fue crucial el trabajo de investigación y entrenamiento previo con Christa Mountain, actriz y coach experta en el método del Actor’s Studio; fue un trabajo muy intenso, exigente, incluso “incómodo”… Pero sorprendentemente divertido. Toda una experiencia.

 

¿Qué papel interpretas?

LG: “La sabiduría”, una especie de chamán contemporáneo.

En un primer momento, me produjo cierto pudor y hasta me causó rechazo enfrentarme a ese personaje; me encontraba en medio de un reparto maduro, con trayectorias e historias muy distintas pero muy intensas y, por contraste, colocarme por encima o tan siquiera al mismo nivel que ese bagaje vital me resultaba “pretencioso”… Pero pronto me di cuenta de que no era más que una especie de “autodefensa”: la sabiduría conlleva la paz de quien cuenta con una mente clara, pero también implica la amargura de quien ha vivido lo necesario para entender la vida… Y Alicia me conoce lo suficiente como para saber que (por los motivos que sean) desde siempre he sido “un viejo prematuro”, y que tenía los recursos necesarios para interpretar un personaje como ése que, de alguna forma, hilara el mensaje de las demás historias y personajes.

 

Cuéntanos cómo fue tu experiencia durante el rodaje.

LG: Precisamente eso… Toda una experiencia. No fue un trabajo fácil en absoluto.

Uno de los puntos más interesantes para mí fue observar el proceso de mis compañeros, la distinta forma de vivirlo y afrontarlo de cada uno… Y cómo reaccionaban ante ese proceso los demás; me apoyé en la naturaleza del concepto que debería interpretar, y a menudo me imaginaba observándolos a todos a través de un agujero en el techo… Eso sí, siempre buscando la perspectiva, no desde la condescendencia o la prepotencia.

 

Tus próximos proyectos.

LG: Nunca los cuento hasta que no están firmados (y acabados), pero vamos… ¡Sobrevivir! Seguir caminando y disfrutando del camino… Incluso, disfrutando más del camino, venga como venga; hay que luchar por los sueños, pero no debes dejar escapar la vida convirtiéndote en esclavo de ellos.

Cine, teatro, televisión, música… La vida, a ver qué trae la marea.

 

Si tuvieras que resumir en tres palabras tu experiencia en este documental, ¿cuáles elegirías?

LG: Profundidad. Descubrimiento. Complicidad.

 

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