Gabriella Rossi. De Italia a Güi Güi.

Gabriella Rossi dejó hace más de treinta años su país natal, Italia, para venir a Canarias. Planeaba que su paso por las islas fuese una corta fase en su vida pero, finalmente, acabó Gabriella 1siendo toda su vida.

Hoy hablamos con Gabriella y descubrimos, palabra a palabra, quién es, todo lo que lleva dentro y todo lo que puede enseñarnos.

  

Gabriella Rossi, has participado en LAL como actriz. Cuéntanos tu trayectoria en interpretación…

Gabriella Rossi: Es una faceta que llevo dentro de mí desde joven, desde niña, en que hice teatro. Antes de irme de Italia estuve trabajando con una compañía durante dos años. Las artes escénicas son una pasión que se lleva dentro y siempre han estado en mí. Ahora se ha extrapolado el arte a la pintura en seda. Creo que el arte es transversal, y si no sale de una forma, sale de otra. El arte es algo que se vive cada día, en cada acto que hacemos, en lo cotidiano, en hacer la comida, en criar a tus hijos, cuidar la huerta… Creo que el arte se expresa en cada cosa que hacemos a diario. El teatro es una de mis facetas y de mis vocaciones. Y sí, me encanta, me vuelvo loca con el teatro. Además estoy rodeada de gente que se dedica a esto: mi nuera es actriz, tengo muchísimas amigas actrices, uno de mis hijos también quiere estudiar Artes Escénicas…Y ahí estamos metidos en eso.

 

Tweet: El arte es algo que se vive cada día, en cada acto que hacemos, en lo cotidiano. Gabriella Rossi.

#LAL #documental #InairiFilms

 

Antes hablabas de la pintura en seda como otra faceta tuya en la que expresas tu arte. Cuéntanos qué haces.

GR: Me gustaba pintar y comencé un día, de forma autodidacta. Empecé pintando algodón y luego seguí con la seda, que conocí a través de un buen amigo que vive en El Hierro, Kitabo, que es el padre de Aïda Ballmann, curiosamente, nominada a los Goya como actriz revelación. Con él descubrí la seda y me enamoré de ella. A partir de ahí continué y llevo ya unos 15 años o más pintándola.

 

Y después de tus primeras experiencias en Italia, aquí en Gran Canaria ¿habías tenido oportunidad de llevar a cabo alguna aventura teatral?

GR: He podido contar cuentos en colegios y también cada día le contaba cuentos a mis hijos. Y como proyecto audiovisual, ésta ha sido mi primera experiencia.

 

¿Cómo llegaste a este documental?

GR: Alicia y Gabriel estuvieron en Güi Güi Chico y conocieron a Quico, mi compañero. Yo no estaba porque había ido a una feria en Maspalomas. Ellos me cuentan que se habían quedado con ganas de conocerme, contactamos por Facebook y les invité a la feria para conocernos. Vinieron y conectamos muchísimo. Con Alicia ha sido como si nos conociéramos de toda la vida. Allí le pregunté si Quico le había contado que yo hacía teatro de joven y ella me respondió que no, que esa faceta mía no la conocía. Me invitó a participar en su película y claro, ¡no me lo pensé dos veces!

 

¿Qué supuso para ti trabajar en este documental?

GR: Para mí era un regalo poder participar en una película, en un escenario audiovisual con actores y actrices, un grupo fantástico. Creo que estábamos allí los que teníamos que estar. El hecho de poder sacar lo que tengo dentro de mí y la experiencia en el taller que impartió Christa Mountain-que fue algo increíble-para mí que no soy actriz, y para el resto de actores, que comentaban lo mismo. Allí nos sentimos tribu, ser y formar parte de una tribu. Esto fue muy bonito. Además, con mi forma de vida, como vivo muy conectada con la naturaleza, podía aportar mi vivencia directa. Es algo que muchos pueden conocer, leer y escuchar sobre las tribus primitivas. Nosotros, por nuestra forma de vida, lo tenemos de forma real y cotidiana.

 

Porque ¿dónde vives tú, Gabriella?

GR: Yo vivo en un barranco en el que para llegar tienes que hacer un camino de dos horas y media. Gabriella 2Es un sitio especial al que llegas haciendo este recorrido. Algunos me consideran una persona rara. Para mí, la única diferencia es que tienes que hacer esas dos horas de camino desde La Aldea. Claro, implica que tienes que caminar y que no son diez minutos. Es un factor de tiempo y es mi forma de deporte, que me mantiene en forma. También implica otras cosas como la crianza de nuestros cuatro hijos, a los que les dimos clases y crecieron en este barranco. Ahora el más pequeño está en Londres aprendiendo inglés y quiere ser actor -de Güi Güi a Londres!-. Ainhoa es la mayor y cuando tenía 16 años fue a Madrid a la Escuela de Circo. Ahora están todos buscando su camino en la vida.

El otro día me decía mi hijo desde Londres (imagínate esa ciudad, todo el mundo corriendo, trabajo, dinero…) que “este mundo es injusto”. Le respondí que tenía que buscar la justicia dentro de él, que fuera justo él, porque ésta es una época dura para los jóvenes. Antiguamente los valores que nos aportaban la felicidad estaban más claros, para vivir bien en una comunidad. Ahora no se transmite igual y parece que el maestro más grande entre los jóvenes es internet. Entonces no hay un código ético para saber cómo vivir bien en la sociedad y cómo estar bien con el otro.

Otro de mis hijos, cuando ya se había ido de casa, me dijo una vez: “Mami, tú no nos contaste toda la verdad. Tú siempre nos dijiste que había que ser auténtico y en esta sociedad no se puede ser auténtico”. Y sí que se puede, le respondí, pero tienes que defenderte con un aura de luz y amor, porque es duro, claro que es duro. Cuando los jóvenes se sienten perdidos, llegan las dudas y esto es algo que trabajamos en el taller con Christa: la duda, la desconfianza en el otro, el oportunismo… y ahí seguimos.

 

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#LAL #documental #InairiFilms

 

Háblanos de tu experiencia en Guía durante los días de rodaje…

GR: Increíble. Me encantó trabajar con los actores y actrices, que me arroparon de una forma muy bonita. Hubo un momento en el que estábamos en la plaza de Guía y yo tenía que contar un cuento. Mira que he contado cuentos a lo largo de mi vida, pues había una escena exterior, yo empecé a contar el cuento y me quedé en blanco. Una actriz me dio un “recurso”. Yo no sabía lo que era esto, claro. Yo ahí me quedé mal, porque me quedé en blanco. Y todos que me decían que estuviera tranquila, que eso puede pasar. Me sentí parte del grupo totalmente. Muy bien.

 

¿Qué te parece que se desarrolle en el norte de Gran Canaria un proyecto de este tipo?

GR: El norte de Gran Canaria tiene una energía muy fuerte y creo que no es casualidad. En Guía y Gáldar hubo un movimiento muy fuerte y creo que aún se puede sentir. Yo aquí llevo más tiempo que el que viví en Italia y ésta es mi tierra. Aquí siento y vibro cuando estoy en una montaña o en una cueva donde hubo gente. Yo siento esa energía y no es una cosa de magia, porque no creo en ese tipo de magia demasiado esotérica. Hablo de esa magia y esa energía que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma.

 

¿Cómo fue que llegaste a Gran Canaria?

GR: Llegué hace unos 32 años. Después de Italia viví en La Palma durante seis meses. Desde allí quería irme a Sudamérica en un barco. Un amigo me dijo que antes de irme de las islas, fuera a conocer un lugar precioso en Gran Canaria, que sabía que me iba a gustar. Fui con él y llegué a Güi Güi. Allí quería quedarme un tiempito, pero luego día tras día me fue pareciendo más bonito y más hermoso. Estuve un año viviendo sola hasta que al año conocí a Quico. A los dos meses me quedé embarazada de Ainhoa… Y hasta entonces (ríe).

 

¿Qué tiene Güi Güi que no tiene otras partes del mundo que has conocido?

GR: Es un sitio especial y privilegiado: agua, un barranco salvaje, una playa… Es un sitio mítico, tú lo sabes. El hecho de que no haya carretera, que llegues ahí caminando, que todo lo que te construyes lo haces con tus manos… El año que viví sola en el barranco fue el mejor año de mi vida, que me definió como mujer, como autoestima, como heroína -que todos lo somos-. ¡Y yo me sentí allí como Jane de Tarzán! (ríe), montando el techo, clavando cañas, escuchando los pájaros, desnuda, con 20 años construyendo mi casa, sola, llevando peso y diciendo: “Yo puedo, yo puedo, yo puedo…” Esto es lo que le transmito a mis hijos cuando me dicen que no pueden con algo. ¡Claro que pueden! Pero fíjate, me doy cuenta de que mis hijos vivieron una infancia maravillosa, en el campo, con sus padres, sin ir al cole, de una forma libre, pero de alguna manera tienen que pasar por alguna frustración, para hacer fuertes las raíces, para los vientos fuertes. Creo que tienen que pasar las experiencias tristes. Estoy aprendiendo esto ahora. Yo les digo a mis hijos que “todo está dentro de ti, búscalo que lo tienes dentro, no busques fuera”.

 

¿Cuál es tu papel en este documental?

GR: Tengo el papel de sabia, de madre. No me siento como la maestra exactamente, aunque soy una persona espiritual, con más sabiduría, pero me siento mujer, madre, conectada a las otras mujeres, no desde un escalón más alto, sino a su nivel. Todos aprendemos de todos. Yo aprendo de ti, que eres más joven y me transmites lo de hoy y tú puedes aprender de mí, con más experiencia y sabiduría. Todos tenemos un papel en esta tribu.

 

Después de esta experiencia, te gustaría que surgieran otras…

GR: ¡Me encantaría! Ese sería un gran regalo.

 

En tres palabras, ¿cómo resumes tu experiencia en LAL?

GR: Aprendizaje, intensidad y conexión…¡Y regalo de la vida!

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